Anàlisis “La Isla Mìnima” Alberto Rodriguez

  • 27
    Sept.
    2017

    Anàlisis “La Isla Mìnima” Alberto Rodriguez

    07:15 pm

Este encuentro pertenece al Ciclo:
“Selección de Directores y Cine Español”
,
que se realiza durante el mes de Septiembre 2017.

Mièrcoles 27-9 a las 19.15 hs   LA ISLA MÌNIMA, ALBERTO RODRIGUEZ (2014)

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El septiembre de 2014, el primer día de 62º Festival de San Sebastián (Donostia Zinemaldia), todas las redes sociales comentaban con gran entusiasmo La isla mínima, la película de Alberto Rodríguez. Ocho días después a la clausura del festival, el filme recibe tres premios: la Concha de Plata al Mejor Actor para Javier Gutiérrez, en el papel de Juan, paradójicamente recogida por Raúl Areválo, el otro protagonista; el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía a Alex Catalán, además del Iº Premio Feroz Zinemaldia, otorgado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE), que reúne a periodistas y críticos de todo el país. Y aunque no sea la ganadora del Zinemaldia 2014, La isla mínima es indudablemente uno de los mejores títulos del cine español este año.

La isla mínima es un thriller, ambientado en 1980, año de gran tensión entre las dos Españas, en un pequeño pueblo de las marismas del río Guadalquivir en Andalucía, olvidado y detenido en el tiempo. Tras la desaparición de dos adolescentes durante las fiestas del pueblo, envían desde Madrid a dos detectives de homicidios, Pedro y Juan, para dar con el asesino. Los dos tienen perfiles y métodos muy diferentes: Pedro, un policía joven y honesto, y su compañero Juan, un personaje más oscuro, que viene del régimen franquista. Nada es lo que parece en una comunidad aislada, opaca y plegada sobre sí misma. Las pesquisas de los detectives parecen no llevar a ningún lado. Una huelga de los trabajadores del campo pone en riesgo la cosecha del arroz, principal riqueza de la región, y dificulta las tareas de investigación de los dos policías que reciben presiones para solucionar el caso cuanto antes.

forograma de la isla mínimaNo es nuevo el tema de dos detectives, personajes diferentes que se pelean a menudo, mientras investigan los asesinatos en una sociedad violenta, cínica y corrupta que amenaza no sólo al héroe de la película, sino también a otros personajes, dentro de un ambiente de pesimismo fatalista, con un final agridulce. Son las características del film noir/cine negro. Aunque estemos frente a una típica historia hollywoodense, el espectador de La isla mínima sale de la sala de cine impresionado por lo que acaba de ver y sin la sensación de que el argumento haya sido repetido, forzado e exagerado. Dos elementos en particular de la película destacan: el guión fuerte y sólido, y la fotografía, por la cual la cinta acaba de recibir el premio en Zinemaldia. Ambos componentes están íntimamente entrelazados, ya que la historia, ambientada por una especie de resignación, desconfianza y dureza, refleja muy bien el paisaje crepuscular de las marismas del río Guadalquivir, y viceversa. Este vínculo es evidente en las notas del director Alberto Rodríguez, en las cuales explica la génesis de su obra: “La isla mínima comenzó hace unos cuantos años, en una exposición de fotos a la que acudí con Alex Catalán, director de fotografía y buen amigo. El fotógrafo sevillano, Atín Aya, se había dedicado a captar los últimos vestigios de una forma de vida que se desarrolló en las marismas del Guadalquivir durante medio siglo. Muchas de las fotografías eran retratos de lugareños (…) La exposición era el reflejo del fin de un tiempo, de una época (…) En 2009 (…) estuvimos planteándonos la posibilidad de escribir una “historia negra” teniendo como inspiración la novela de Bolaño (2666) y películas como El cebo de Vajda, Mistery of Murders, Chinatown, Conspiración del silencio, etcétera. Sumado a eso, todo lo que nos evocaban las marismas, un lugar mágico y misterioso, donde la riqueza y el poder convivían con el dolor y la miseria de unos personajes fruto del pasado político y social del país, comenzamos a escribir una historia”.

foto la isla mínimaLa marisma, el territorio inmenso y magnético, fue inhóspita y cruel para el rodaje. El director dice: “Ha sido una película muy difícil de rodar, muy física para todos y cada uno de los miembros del equipo. La cosecha de arroz nos obligó a adelantar todo el rodaje. La climatología nos mostró todas sus caras, con máximas de 42 grados al final del verano y mínimas de 2 grados bajo cero a finales de noviembre. Cualquier paso que dábamos por la vastísima extensión del lugar era un desafío logístico”. En este caso se trata del genio enorme de Alex Catalán, que ha conseguido “domesticar” y conquistar esta tierra agreste, o más bien hábilmente utilizar su fuerza y poder para contar la historia. En la pantalla cinematográfica, debido a multitud de los planos generales, la marisma impresiona e infunde respeto, ya esté quemada por el sol, empapada por la lluvia torrencial, abundante en la cosecha o al amparo de la oscuridad.

En cuanto al guion, lo que la hace diferente de las películas de Hollywood, es la meticulosa cohesión de la trama, al igual que la fidelidad de la realidad histórica. Según el creador de la cinta: “Se trataba de crear los acontecimientos de la película en base a la rutina de unos policías de hace casi cuarenta años”. Tenían lugar consultas con las policías en activo que ayudaron al equipo a conseguir documentación de primera mano. Los métodos del trabajo policial han cambiado enormemente, lo que también está muy bien reflejado en el filme. Además, algunos acontecimientos reales también fueron integrados en el argumento, tales como en el caso del personaje Pedro.